Death Valley, un viaje geológico

El año 2011 arranca fotográficamente con un viaje a Death Valley National Park, California, un desierto que sólo procede visitar en invierno ya que posee el record mundial de calor,  58.1º C.  Y casi termina antes de comenzar. Es sábado y me despiertan a las 05:15. Isabel hizo bien en no confiar en mi, hasta recientes fechas, infalible despertar. Llevo demasiado cansancio acumulado. Carrera mañanera y cola interminable en el aeropuerto.

Ruta : Bilbao – París (1.40′) – Salt Lake City (11h) – Las Vegas (1.30’h) – Death Valley (2.30′) . Mucho más recomendable la vuelta, Death Valley – Las Vegas – Atlanta (4h) – París (8h) – Bilbao, resulta mas llevadero 8 + 4 que 11 + 1.

En París, retraso de 3 horas en la salida; conclusión final: un trozo de hielo que deja un charco de «líquido» bajo el avión. Revisión técnica a fondo. Y que, por último, no aparece el push back por espacio de 30 minutos… Primeras observaciones:  la comandante llega al vuelo dando cuenta de su comida recién comprada en el aeropuerto. Algo que veremos frecuentemente en los aeropuertos americanos. La tripulación tiene una edad media superior a los 55 años. Todo experiencia, simpatía y saber hacer. Impresionante el servicio a bordo. Hemos tenido suerte y  tras solicitar un cambio de asientos, nos han puesto en la fila que tiene la pared con el televisor incrustado. Como se agradece para estirar las piernas contra la pared. Me he vuelto a olvidar de mis auriculares acolchados y tengo que hacer el viaje con los dolorosos auriculares de cortesía. Cambiamos la ruta por una más directa y acortamos una hora. Sobrevolamos Islandia, Groendlandia, Canada y directos hasta Salt Lake City. Las llegadas a EE.UU son siempre un poco estresantes y el hecho de haber perdido el vuelo de conexión y no tener idea de como continuará tu viaje, no ayuda. Adicionalmente, sabemos que hemos de recoger el equipaje y volver a facturarlo.

Sorprendentemente fácil. Recogida del equipaje, control de pasaporte y escaneado de huellas digitales e iris.  Sigues los carteles de conexión y nos tropezamos con un panel móvil y dos relaciones públicas de Delta dispuestos a localizar tus nuevas tarjetas de embarque ya impresas y ordenadas por apellido, tu bono de 50USD de compensación, tu bono de 6 USD para gastar en cualquier restaurante de la terminal y las maletas simplemente directamente a una cinta, sin colas. Se agradece. Pero tenemos que espera 2 horas… Segunda preocupación. El  coche en Las Vegas y el alojamiento en Death Valley. Llegaremos aproximadamente a las 23:30. No se preocupe usted, funcionamos las 24 horas.  Llegamos a Las Vegas, todo luces, exactamente igual que en cualquier serie de TV y máquinas de juego en cada rincón del aeropuerto, anuncios de los espectáculos, etc … Aún queda recoger el coche y 2 horas y media de conducción. Y si quieres usar un carrito, pagas 4 dolares que recuperas al devolver el carro. A ver donde cambias. En fin, los coches de alquiler están en otra terminal y te llevan en autobus. Allí los carros son gratuitos. Menos mal. Estoy cansado del viaje. Después de registrarte, ya sea en un mostrador o en un puesto automatizado asistido por una señora hiperactiva y muy amable, también de edad superior a 60 años; en España estamos en pleno debate del aumento de la edad de jubilación, me indican que elija un coche cualquiera dentro de mi categoría que encontraré en la zona correspondiente. Uff, a ver que queda a estas horas. Quedan 3 y uno es un Grand Cherokee del 2011. LAs llaves en el salpicadero. Reviso el estado del coche. Maletero y asientos traseros totalmente abatibles. Veo la luz. Ya no voy a necesitar la tienda. Pero me cuesta encontrar la salida del garaje, donde registran que coche te llevas. O sigo iluminado o no hay perdida porque atravesamos Las Vegas y encontramos nuestra ruta a la primera. El viaje, en estas vías tan rectas y largas, resulta demoledor y peligroso. Isabel lo intenta de todas las maneras que puede y finalmente llegamos a nuestro alojamiento. Mañana a las 5:00 en pie para fotografiar el amanecer. Que horror. Pero antes nos espera una ducha caliente y una cama muy mullida.

Día 1

Aún de noche y sin desayunar. Corriendo a Zabriskie Point.

La fila de fotógrafos no deja un hueco libre. El desánimo cunde, pero sin comentarios.  Temíamos que el viaje podía convertirse en una pesadilla de trípodes. Sopla además un viento fuerte del este. Busco un lugar donde sentarme y mirar el amanecer. No saco la cámara. Veo que se trata de un grupo organizado. Un taller. Cuento ya con encontrarlos el resto del viaje. No los volveremos a ver. Supongo que sería un taller de fin de semana. De hecho encontraremos fotógrafos, sí, pero no tantos como pronosticaba este primer amanecer. Primer y último desayuno en una cafetería americana a las 06:30. Luce un sol que podrían ser las 12:30. Aún hemos de resolver cuestiones logísticas; gas y comida. Hemos de conducir hasta Pahrump, en Nevada, a 1 hora de coche, en busca de un Wal-Mart. Compramos gas, un contenedor de plástico para la comida, y comida para 5 días. Ya estamos preparados y nos podemos relajar en el camino de vuelta para hacer el atardecer en Badwater Basin. Llegamos demasiado tarde y utilizamos el tiempo para hacer una inspección visual del lugar para el amanecer. Cena fría y a la cama. Ni una foto aún. Dormimos a 84 metros bajo el nivel del mar bajo un cielo estrellado sin contaminación lumínica.

Día 2

Despertar a las 04:30 y preparo un café y un bollo. El primer fotógrafo aparece a las 05:00 preguntando si sabemos si hay agua. Le decimos que sí y sonríe. Poco más tarde, un convoy de 3 coches cargados de fotógrafos que deciden ir un poco más lejos. No nos molestaremos. El cielo esta despejado y no se volverá a ver una nube en los próximos 5 días, hasta el último atardecer. Lamentable para un lugar con tanta luz. Pero a cambio, no hay brisa. Las primeras fotos.


Cuando el exceso de luz es tal, regresamos al coche y desayunamos tranquilamente. Seguimos inspeccionando la zona y decidimos hacer el atardecer en las Mesquite Flat Dunes. El temor de todo el viaje, un reguero de pisadas por las dunas, viaja con nosotros. Aunque hay gente en la duna principal, el resto está despejado y no hay huellas. Caminamos como media hora o así y pasamos una tarde memorable. Pero nos surge otra preocupación,  y nuestras propias huellas en la sesión de mañana ? Estaremos estropeando nuestras fotos futuras. Esta obsesión nos acompañará todo el viaje.

Hacemos noche en Stovepipe Wells. Una mesa con bancos, un fuego (una tradición arraigada en EEUU) y un baño con agua corriente. Durante la noche se levanta un fuerte viento norte.

Día 3

4:30 Amanecemos cubiertos de una capa de polvo y sigue soplando el viento, pero con menos intensidad. Esta vez haremos el café donde aparquemos el coche. Allí no se puede. Buscar los emplazamientos de noche no resulta fácil. Si esperas al amanecer náutico, probablemente llegues tarde. Así que aparcamos calculando la posición con los recuerdos del día anterior. Que útil un GPS. Caminamos a oscuras unos 15 minutos  y orientándonos con el bulto de la duna mayor acabamos en una zona próxima a la del día anterior. No hay una sola huella. El viento ha hecho su trabajo.  Y pensándolo un poco, una zona de dunas requiere de un viento fuerte más o menos constante. En cualquier caso, estamos solos en esta zona y no hay huellas visibles.

El cielo se ha llenado de polvo en suspensión y las luces se enrojecen. Los fondos se difuminan y las duras luces que llegan se suavizan. formas, tonos, colores, cambio constante. El viento también. El equipo parece que aguanta bien y uno se protege todo lo que puede. El resultado es un trabajo predecible de dunas. Es un primer contacto y la sensación es que hay muchas posibilidades. Pero hay que trabajar rápido ya que enseguida se eleva el sol.

En cualquier caso, encaramos la conducción hasta las Eureka Dunes haciendo cálculos de cuando podremos regresar y comentando la mañana que hemos pasado. Estas están situadas en al otro lado de las Panamint Range, sin llegar a entrar en su valle. Unas 2:30′ de conducción por una pista de tierra y subimos un puerto. La temperatura baja sustancialmente, estamos a unos 5ºC en el puerto. En el valle, la temperatura es de unos 15ºC y volvemos a estar solos.

Decidimos correr la duna por el este y adentrarnos con el coche todo lo que podamos en paralelo a la duna. Un pequeño bocata, más líquido y a caminar hacia la duna.

Es una duna inmensa. La más alta de California. Las distancias resultan engañosas, parece todo más próximo y andamos durante casi una hora. El terreno resulta no ser tan firme y cede bajo nuestro peso frecuentemente. Aprenderemos a evitar estas zonas de madrigueras que hemos dejado como un colador.

Las dunas resultan ser más firmes que las de Mesquite y la mayor parte deltiempo se dejan caminar sin mayor problema. Pero son muy grandes. Y diferentes,  con menos ondulaciones del viento.

Las luces son duras a lo largo del día y a partir de las tres, lentamente comienzan a progresar la sombras. Los contrastes a menudo demasiado amplios y no ha posibilidad de que se cubra el cielo. Quien pudiera regresar unas cuentas ocasiones para trabajar en estas dunas. Pero el tiempo apremia y es importante hacer una inspección de la zona, subir lo más alto posible para decidir la jornada siguiente. Hacemos el atardecer y regresamos con el ocaso al coche. Hace rato que pasamos frío. El cielo estrellado es impresionante !

Día 4

Esa noche hace mucho frío. Amanecemos a 4 bajo cero y se mantiene así hasta un buen rato después de salir el sol. Hemos vuelto conduciendo de noche a la cara este para hacer el amanecer, pero comprobamos inmediatamente que debido a lo encajado que está el valle, que no habrá luces sino cuando el sol esté bien alto y mucha luz ambiental. Decidimos quedarnos una noche más y el cansancio nos pide una siesta, interrumpida por un caza de las FF.AA. en vuelo rasante. Justo a tiempo para soltar la cámara con un movimiento controlado y llevarse los dedos a los oídos. Tiembla todo el cuerpo y le podemos ver el casco al piloto en vuelo inverso. No será el último ésa mañana. Encaramos el atardecer por la cara oeste de la duna. Queremos llegar andando hasta el final de las dunas.

El inicio es prometedor. Una superficie de barro liso y cuarteado, vestigio de una zona frecuentemente inundada, que parece no tener fin. Pero lo tiene. Y comienzan las minas. Regresamos sur-norte fotografiando el atardecer hasta el ocaso. Caminamos de vuelta bajo la luz de la luna por el desierto. Y no nos desviamos prácticamente. Damos con el coche por los catadióptricos.

Día 5

Amanecemos en la cara oeste, sobre el campo de barro. El sol corre y mucho. Casi tanto como la liebre que confundí inicialmente con un pájaro por la velocidad. Pero las dos orejas alargadas la delatan.  La he debido de asustar y mucho. Descubrimos que los pájaros también anidan en madrigueras bajo el suelo. Es la hora de salir a calentarse.

Finalmente enfilamos de vuelta a Eureka Dunes para hacer un último atardecer y amanecer en Mesquite Flat Dunes. La aproximación es similar a la ocasión anterior. Ya se nota la llegada de más gente al parque y ya hay más trípodes. El mediodía lo hacemos en Golden Canyon donde decidimos que haremos el último atardecer. Concretamente en la zona conocida como la Catedral. Entretanto seguimos enredando por las carreteras próximas a Badwater Basin y descubrimos finalmente la zona donde la sal y el barro evaporan formando estructuras hexagonales. Lo cierto es que las lluvias recientes, el suelo aún estaba blando, había aplanado todas las zonas que habíamos visitado. Parecía que las hubiera disuelto. 15:30, corremos de vuelta a Golden Canyon para hacer el atardecer. Y aparecen las primeras nubes… en la dirección opuesta, hacia el sol. Otra vez será. Este viaje se ha acabado. No cabía esperar gran cosa de un primer contacto de cinco días y los resultados en consecuencia . Pero que buen recuerdo.

La galería de fotos del viaje se puede acceder a través del siguiente vínculo:  Death Valley N.P.

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